viernes, 24 de julio de 2009

plantas de interior

El frío va llegando poco a poco y no queremos renunciar al placer de tener con nosotros nuestras plantas, que durante todo el verano nos han alegrado la vida y a las que hemos cuidado con mimo y colmado de atenciones. Pensamos que bien podríamos disfrutas de ellas aunque venga el frío, pues ahí están las plantas de 'interior'. No existen plantas de interior auténticas, en su estado natural, puesto que todas viven al aire libre. Unas a pleno sol, otras en semi-sombra y otras en sitios de sombra; en climas fríos, en trópicos o en climas suaves, pero todas al aire libre.

Las plantas se pueden aclimatar adaptándose a un ambiente distinto del suyo, pero no pueden adaptarse a un ambiente de aire enrarecido o escaso, por lo tanto, se puede decir que no existe ninguna planta de interior propiamente dicha. Este cultivo es difícil de conseguir con éxito, pues las plantas se encuentran fuera de su hábitat natural. Existen algunas variedades que durante su reposo vegetativo pueden permanecer sin peligro varios meses seguidos dentro de una habitación. Estas son las que en jardinería se llaman plantas de interior.

Facilidad de cultivo
Las mejores plantas de interior son las que proceden de climas subtropicales, de lento desarrollo, con largos periodos de reposo y sin necesidad de sol directo ni de mucha luz. Son plantas que evaporan poca agua, aún así debemos tenerlas en una habitación con muy buenas condiciones de clima, humedad. aire y luz esa es la manera de que las plantas resistan.

Hasta aquí lo tenemos claro: que las plantas para vivir y desarrollarse necesitan un clima adecuado de humedad, luz y calor moderado y que si bien pueden pasar con nosotros una parte del año, todas, todas prefieren pasar un tiempo (en cuanto llega el buen clima) al aire libre, pero nunca debemos sacarlas al exterior antes de que tengamos asegurado el buen tiempo, es decir que no habrá bruscos cambios de temperatura, no mantenerlas expuestas directamente al sol, ya que al estar en el interior ya han perdido la costumbre.

Algunas especies
Estas son algunas de las plantas que se aclimatan a estar en el interior de nuestras casas: AGAVES y ALOES, CACTOS (todas las plantas grasas), ARALIA (Fatsia japónica), ASPARAGUS PLUMOSUS (Esparraguera), ASPIDISTRA ELATIOR (esta es la reina de las plantas de interior) CISUS Y ROICISUS, POTHOS, FICUS ELÁSTICA, HELECHOS, CORDILINE, CYCLAMEN (ciclamen), entre otras.

A modo de conclusión diremos que las plantas de 'interior', aunque reposen, necesitan aire, cuanto más puro mejor. Debemos dejar las ventanas abiertas, pero con cuidado con las corrientes de aire porque siempre las perjudica. Uno de los secretos para la óptima conservación de las plantas de interior es todos los años, en primavera sacarlas de sus macetas y renovar la tierra, teniendo en cuenta que casi todas prefieren una cierta acidez en la tierra para lo cual añadiremos humus vegetal.

Actualmente, en muchos hogares existe una creciente afición por el cultivo de plantas de interior. En la gris monotonía de las grandes ciudades, estos organismos representan a la naturaleza y, precisamente por ello, porque se sitúan fuera de su entorno natural para adornar oficinas, casas, tiendas... no se debe olvidar que, como cualquier ser vivo, tienen sus necesidades naturales de luz, temperatura, agua y nutrientes.

En realidad, es muy difícil establecer qué plantas son de interior y cuáles no, ya que no existe ninguna clasificación científica a este respecto. Tampoco existen plantas cuyo medio óptimo sea el interior de una casa. Pero hay un gran número de ellas que se prestan para el cultivo en interiores. Algunas admiten las condiciones durante mucho tiempo, y otras tan sólo un par de semanas.

La luz necesaria
Es un componente indispensable para la vida de una planta por lo que, en el momento de elegir el lugar que ésta va a ocupar, será necesario optar por aquel en que exista una buena iluminación solar o bien alumbrarlas artificialmente. Sin embargo, cuando una planta está situada en un lugar demasiado luminoso, algunas hojas quedan amarillentas y caen. El exceso de luz provoca quemaduras y necrosis que afectan al crecimiento de la planta. Por el contrario, si una planta dispone de escasa luz se marchita.

Es bueno dar la vuelta regularmente a la planta para que reciba la misma luz en todas sus partes, porque si no existe el riesgo de que la planta se tuerza buscando la luz necesaria para su existencia. En invierno, cuando el sol no es tan fuerte, se pueden colocar las plantas más cerca de la ventana y retirarlas un poco en verano. Un consejo muy útil es no poner nunca una planta que ha estado en sombra o a media sombra al sol directamente, ya que se podrían quemar las hojas.

Una planta necesita diariamente entre 12 y 16 horas de luz. Cuando no les llega en cantidad suficiente, la solución es la luz artificial. Existen lámparas incandescentes que imitan la luz natural y que son muy prácticas en estos casos.

Temperatura y humedad
Las plantas oriundas de regiones cálidas y húmedas deben ser vaporizadas para compensar la pérdida de agua provocada por la evaporación y la transpiración, y mantener, de esta forma, un ambiente propicio para su desarrollo. La falta de humedad se evidencia en una planta porque se pone amarilla y se le caen las hojas, al mismo tiempo que dejan de crecer y disminuye su tamaño.

Para resolver este problema, basta vaporizar a diario el follaje con agua pura, pero, como no siempre se puede llevar a cabo esta tarea (podríamos estropear cortinas y muebles), lo mejor es hundir las macetas en turba húmeda, ya que ésta mantiene la humedad atmosférica. Otro método consiste en cubrir un plato con un lecho de grava, llenarlo casi de agua y colocar la maceta sobre los guijarros. También, en algunas condiciones, la mera presencia de una fuente o un jarrón ornamental lleno de agua, basta para mantener un grado de humedad constante.

En cuanto a la temperatura, se puede decir que, en condiciones normales, una planta necesita para desarrollarse una media que varíe entre los 12 grados, en invierno, y los 24 grados, en verano, ya que no tolera bien las variaciones bruscas de temperatura, que detienen su crecimiento y provocan la caída prematura de las hojas.

La repisa de una chimenea, por ejemplo, puede ser un soporte muy decorativo para las plantas colgantes, pero es necesario cambiarlas de lugar antes de encender el fuego porque el calor las mataría. El alféizar de una ventana es otro lugar donde se registran altas temperaturas hasta el punto de resultar intolerables para las plantas; este lugar en invierno tampoco es adecuado por el frío y las corrientes de aire.

Además, hay que ser prudentes con algunas instalaciones, como las del aire acondicionado, perjudicial cuando la planta está cerca, y las de la calefacción (algunos sistemas mantienen con dificultad una temperatura constante sin secar el ambiente).

Un riego apropiado
Este aspecto dependerá de la naturaleza de la planta y de la evaporación que en la misma se origine. Así, las plantas de hojas amplias y tiernas tendrán mayores necesidad de agua, mientras que las de hojas estrechas y duras requerirán riegos menos frecuentes, incluso prácticamente nulos en las apocas frías, de reposo vegetativo. Por otra parte, la necesidad de riego será mayor cuanto más elevada sea la temperatura, pues en este caso la transpiración de la planta será también mayor y la pérdida de agua por las hojas resultará cuantiosa.

Por norma general, las plantas de interior presentan menor evaporación y, consecuentemente, necesitan menos agua, es decir, riegos más espaciados, salvo que las condiciones de calefacción provoquen una sequedad excesiva. En este supuesto, al igual que en verano, los riegos han de ser más frecuentes para mantener la planta fresca y ligeramente húmeda, sin llegar al encharcamiento. Las plantas que necesitan menos riego durante el reposo vegetativo son las de hoja caduca, los bulbos, los rizomas, los tubérculos, las plantas crasas y las de reposo absoluto.

Antes de regar es preciso examinar con cuidado la tierra en la superficie de la maceta para ver el grado de humedad que posee. Una maceta está bien regada y no necesita más agua cuando, tomando un poco de tierra con los dedos, está húmeda, pero apretándola no gotea.

Los nutrientes
Las plantas necesitan ser alimentadas para subsistir, ya que las reservas naturales de la tierra se agotan. De esta forma el uso de abono, líquido o sólido, orgánico o inorgánico, es totalmente necesario.

Toda planta necesita tres elementos nutritivos importantes: nitrógeno, necesario para el crecimiento; fósforo, imprescindible para la formación de las hojas nuevas y los brotes de flores; y potasio, útil para dar robustez y resistencia. Además de estos tres elementos, un abono aporta los llamados oligoelementos (magnesio, azufre, hierro, boro, cobre...), indispensables para la vida de una planta.

Actualmente, en muchos hogares existe una creciente afición por el cultivo de plantas de interior. En la gris monotonía de las grandes ciudades, estos organismos representan a la naturaleza y, precisamente por ello, porque se sitúan fuera de su entorno natural para adornar oficinas, casas, tiendas, etc. no se debe olvidar que, como cualquier ser vivo, tienen sus necesidades naturales de luz, temperatura, agua y nutrientes. El verano y el invierno son las estaciones más adecuadas para hacerse con estos ejemplares, pues durante estos periodos se exponen a temperaturas extremas que muchas especies no resisten.
En realidad, es muy difícil establecer qué plantas son de interior y cuáles no, ya que no existe ninguna clasificación científica a este respecto. Tampoco existen ejemplares cuyo medio óptimo sea el interior de una casa, pero hay un gran número de ellas que se prestan para el cultivo interno. Algunas admiten las condiciones durante mucho tiempo, y otras tan sólo un par de semanas. Es aconsejable acudir a algún especialista para documentarse sobre qué especies son las adecuadas para tener en interiores y cuáles son sus necesidades.

Luz natural o artificial
La luz es un componente indispensable para la vida de una planta por lo que, en el momento de elegir el lugar que ésta va a ocupar, será necesario optar por aquel en que exista una buena iluminación solar o bien alumbrarlas artificialmente. Sin embargo, cuando una planta está situada en un lugar demasiado luminoso, algunas hojas quedan amarillentas y caen. El exceso de luz provoca quemaduras y necrosis que afectan al crecimiento. Por el contrario, si ésta dispone de escasa luz se marchita.

Es bueno dar la vuelta regularmente a la planta para que reciba la misma luz en todas sus partes, porque si no existe el riesgo de que se tuerza buscando la luz necesaria para su existencia. En invierno, cuando el sol no es tan fuerte, se pueden colocar más cerca de la ventana y retirarlas un poco en verano. Un consejo muy útil es no poner nunca una planta que ha estado en sombra o a media sombra al sol directamente, ya que se podrían quemar las hojas. Un ejemplar necesita diariamente entre 12 y 16 horas de luz. Cuando no les llega en cantidad suficiente, la solución es la luz artificial. Existen lámparas incandescentes que imitan la luz natural y que son muy prácticas en estos casos.

Temperatura y humedad
Las plantas oriundas de regiones cálidas y húmedas deben ser vaporizadas para compensar la pérdida de agua provocada por la evaporación y la transpiración, y mantener, de esta forma, un ambiente propicio para su desarrollo. La falta de humedad se evidencia en porque se pone amarilla y se le caen las hojas, al mismo tiempo que dejan de crecer y disminuye su tamaño. Para resolver este problema, basta vaporizar a diario el follaje con agua pura, pero, como no siempre se puede llevar a cabo esta tarea (podríamos estropear cortinas y muebles), lo mejor es hundir las macetas en turba húmeda, ya que ésta mantiene la humedad atmosférica.

Otro método consiste en cubrir un plato con un lecho de grava, llenarlo casi de agua y colocar la maceta sobre los guijarros. También, en algunas condiciones, la mera presencia de una fuente o un jarrón ornamental lleno de agua, basta para mantener un grado de humedad constante. En cuanto a la temperatura, se puede decir que, en condiciones normales, una planta necesita para desarrollarse una media que varíe entre los 12 ºC, en invierno, y los 24 ºC, en verano, ya que no tolera bien las variaciones bruscas de temperatura, que detienen su crecimiento y provocan la caída prematura de las hojas.

La repisa de una chimenea, por ejemplo, puede ser un soporte muy decorativo para las plantas colgantes, pero es necesario cambiarlas de lugar antes de encender el fuego porque el calor las mataría. El alféizar de una ventana es otro lugar donde se registran altas temperaturas hasta el punto de resultar intolerables para las plantas; este lugar en invierno tampoco es adecuado por el frío y las corrientes de aire. Además, hay que ser prudentes con algunas instalaciones, como las del aire acondicionado, perjudicial cuando la planta está cerca, y las de la calefacción (algunos sistemas mantienen con dificultad una temperatura constante sin secar el ambiente).

Riego y nutrientes
Este aspecto dependerá de la naturaleza de la planta y de la evaporación que en la misma se origine. Así, las plantas de hojas amplias y tiernas tendrán mayores necesidades de agua, mientras que las de hojas estrechas y duras requerirán riegos menos frecuentes, incluso prácticamente nulos en las épocas frías, de reposo vegetativo. Por otra parte, la necesidad de riego será mayor cuanto más elevada sea la temperatura, pues en este caso la transpiración será también mayor y la pérdida de agua por las hojas resultará cuantiosa.

Por norma general, las plantas de interior presentan menor evaporación y, consecuentemente, necesitan menos agua, es decir, riegos más espaciados, salvo que las condiciones de calefacción provoquen una sequedad excesiva. En este supuesto, al igual que en verano, han de ser más frecuentes para mantenerlas frescas y ligeramente húmedas, sin llegar al encharcamiento. Las que necesitan menos riego durante el reposo vegetativo son las de hoja caduca, los bulbos, los rizomas, los tubérculos, las crasas y las de reposo absoluto.

Antes de regar es preciso examinar con cuidado la tierra en la superficie de la maceta para ver el grado de humedad que posee. Una maceta está bien regada y no necesita más agua cuando, tomando un poco de tierra con los dedos, está húmeda, pero apretándola no gotea. Las plantas necesitan ser alimentadas para subsistir, ya que las reservas naturales de la tierra se agotan. De esta forma el uso de abono, líquido o sólido, orgánico o inorgánico, es totalmente necesario para que se desarrollen perfectamente.

Toda planta necesita tres elementos nutritivos importantes: nitrógeno, necesario para el crecimiento; fósforo, imprescindible para la formación de las hojas nuevas y los brotes de flores; y potasio, útil para dar robustez y resistencia. Además de estos tres elementos, un abono aporta los llamados oligoelementos (magnesio, azufre, hierro, boro, cobre...), indispensables para la vida de ésta.

La noche del 24 de diciembre está ya a la vuelta de la esquina. Es una fecha ideal para reunir a toda la familia en nuestra casa, y por eso siempre intentamos que luzca su mejor cara. Además de los adornos típicos de Navidad, podemos aprovechar nuestra pasión por las plantas para que nos acompañen durante este día tan especial. Ya sea en macetas, formando guirnaldas, en centros de mesa o mezclándolas con otros complementos, la naturaleza se pone de nuestro lado para conseguir el mejor 'look' navideño.

Antes de empezar con la decoración para esta Nochebuena, es conveniente que estudiemos bien las zonas de la casa donde van a estar nuestros invitados. De este modo, podemos diferenciar dos partes distintas donde tendremos que centrar toda nuestra atención: la entrada y el salón. La primera nos permitirá lucir adornos más vistosos, con predominio de coníferas y otras plantas como el muérdago o el acebo, mientras que en la segunda jugaremos con conjuntos más cálidos, donde accesorios como velas, lazos o piñas serán fundamentales.

Cómo lograr una buena primera impresión
Lo primero que se van a encontrar nuestros invitados al llegar a casa será la puerta de entrada. Por ello, es importante causarles una buena impresión desde el comienzo. Podemos rodear el marco de la puerta con una guirnalda fabricada por nosotros mismos a base de ramas de coníferas, o bien comprarlas de plástico, muy semejantes a las de verdad. No conviene recargarla demasiado, es suficiente con colgar alguna piña y colocar algún detalle en color rojo, pero dejando ver bien el verde de las ramas.

A la hora de colocar luces en el exterior, debemos ser cautelosos. Una bonita decoración navideña puede convertirse en un auténtico 'dolor' para los ojos si abusamos de la iluminación. Para la puerta, es suficiente con una pequeña tira de luces blancas, con una distancia de al menos 30 centímetros entre cada bombilla, escondidas entre las ramas de la guirnalda. Para terminar con el exterior, podemos colocar dos pequeños abetos naturales flanqueando la puerta, con algún adorno suelto y nieve artificial por encima, cubriendo las macetas con tela de color rojo o verde.

Una vez dentro de casa, el recibidor será otra zona de obligado paso para nuestros invitados. Por lo general, el espacio del que disponemos en esta estancia es algo limitado, por ello es conveniente seleccionar muy bien los adornos y plantas navideñas. Si disponemos de alguna esquina solitaria, una ardisia puede ser el complemento perfecto. Se trata de un arbusto de interior de tamaño reducido, con hojas de color verde algo apagado y pequeños frutos de color rojo que dan un toque muy navideño.

Si no disponemos de un mueble donde poner una planta pequeña, podemos optar por una idea muy original y poco vista: colgar un cactus de Navidad del techo. Situado en una zona que no sea de paso, logrará un impacto visual importante, ya que sus flores son muy vistosas y en seguida llaman la atención. Además, podemos aprovechar la maceta para colgar algo divertido de ella, un pequeño Papá Noel, una estrella de Navidad, unas campanas, etc.

El salón: el gran protagonista
Una vez que nuestros invitados se han acomodado, el salón se va a convertir en la estrella de la Nochebuena. Si normalmente cuidamos que su aspecto sea el mejor, en un día como éste tendremos que poner un poco de esfuerzo extra. El árbol de Navidad es uno de los elementos principales del salón. En caso de que sea natural, podemos dejarlo fuera de casa la noche anterior para que se recupere de la sequedad de la calefacción. De este modo, sus ramas ganarán en color y viveza.

La decoración que elijamos para el árbol irá en función de nuestros gustos personales, pero es conveniente que sigamos algunas pautas: colgar los adornos más pesados en el interior, distribuirlos bien sin dejar espacios vacíos y colocar en la punta una estrella o complemento que estilice su figura cónica. Si tenemos contenedores de cristal vacíos, podemos aprovechar para colocar en ellos jacintos y amarillis, siempre y cuando hayamos plantado los bulbos a principio del otoño. En cualquier caso, en un vivero disponen de ejemplares con una floración avanzada. La flor de Pascua también se presta a decorar nuestro salón durante las navidades. Para ser originales, además de la tradicional de hoja roja, podemos optar por otras variedades con distintos colores que podemos combinar.

Si queremos que durante la cena nuestras plantas también 'disfruten' del festín, una buena idea es hacer pequeños centros que apenas ocupen espacio. Aquí las posibilidades son casi infinitas, aunque es buena idea jugar con la mantelería y la vajilla para lograr un conjunto redondo. Si hemos optado por un predominio del blanco, podemos utilizar velas rojas, mezcladas con piñas, fruta cortada por la mitad y ramitas de pinsapo con un poco de nieve artificial por encima. Así conseguimos un pequeño toque de color sin desentonar con el resto. En el caso de que en nuestro salón abunde el blanco y el negro, muy de moda este año, las orquídeas en macetas de cristal pueden ser un buen recurso. Aunque no sean las plantas más navideñas, la curiosa forma de sus flores aporta modernidad y se funde muy bien con el entorno.

Con estas ideas ya no tendrás excusa para no presumir de plantas durante esta Nochebuena. Como ves, las opciones que tienes son muy amplias, y con un poco de imaginación y buen gusto puedes convertir tu hogar en el verdadero protagonista de esta Navidad.

Las plantas de interior no sirven únicamente para aportar colorido y esplendor a nuestras casas. Nuestro lugar de trabajo también se presta a recibir ese toque de naturaleza que nos hace sentir mejor y, sobre todo, nos anima a desarrollar nuestra actividad laboral de forma más eficaz.

Cuando pensamos en introducir una planta en nuestra oficina, lo primero es determinar qué finalidad va a tener. Podemos mejorar la calidad del aire utilizando drácenas o cintas, capaces de limpiar y reciclar partículas que ensucian el aire y empeoran el ambiente, tales como el tricloroetileno o el benceno. Si, por otra parte, nuestra intención es la de separar distintos espacios de la oficina, la calatea o la costilla de Adán son plantas perfectas para este fin.

¿Y esos despachos aburridos donde sólo se respira seriedad? Un bonsái en el sitio adecuado puede romper con ese clima frío y austero, aunque una palmera también aportará un toque tropical que contrastará con el monótono color marrón típico de estos espacios. Sea cual sea nuestro objetivo, debemos ser conscientes de que las condiciones que se dan en el interior de una oficina no son iguales a las de nuestro hogar, especialmente en lo referente a la luz.

Mejoremos el aire de nuestro trabajo
Gracias a la puesta en marcha de la ley antitabaco, el ambiente que se respira en las oficinas de nuestro país ha mejorado notablemente. A pesar de esto, el carácter de espacio cerrado que suelen tener los lugares de trabajo, a lo que podemos sumar la presencia del aire acondicionado y climatizadores, hacen que el aire que respiramos no sea de la mejor calidad.

Si introducimos plantas específicas que reciclen el ambiente, podemos llegar a eliminar el 80% de la contaminación interna de la oficina, algo que agradecerán aquellos trabajadores con mayores problemas respiratorios. Las drácenas (o tronco de Brasil) son excelentes para esta labor, ya que apenas requieren cuidados y lo único que necesitan es un riego semanal, pudiendo espaciarlo en épocas de frío. Lo ideal es mantener sus hojas lo más verdes posibles para que cumplan mejor su labor de reciclaje, por ello deberemos procurar que tenga siempre mucha luz.

Otro género cuyas hojas tienen excelentes propiedades depurativas es el de la cinta, muy frecuente en el interior de nuestros hogares. Es realmente resistente, y sólo te pedirá un poco de luz para poder vivir, siempre procurando que no incidan los rayos del sol directamente sobre ella. A las drácenas y las cintas se le suman una larga lista de plantas que filtran el aire y pueden adaptarse a tu lugar de trabajo: ficus, espatifilo, el popular poto, filodendro o la palmera chamaedora son sólo breves ejemplos.

Separa los espacios de forma natural
Dentro de toda oficina, lo normal es que cada departamento esté ubicado en un sitio determinado, separados en muchas ocasiones por aburridas paredes de plástico. ¿Qué te parece alegrar esos biombos con plantas trepadoras? La hedera es una opción fantástica ya que, a pesar de ser una hiedra, resiste muy bien en el interior de los hogares. El roiciso o ‘viña de apartamento’ también es ideal para cubrir esos espacios de separación tan austeros que solemos encontrar en el trabajo.

Otra opción interesante es utilizar distintos tipos de crasas en recipientes con grava, de diversos colores, para aportar calidez y romper con el clima de frialdad propio de una oficina. La siempreviva o el senecio son unas candidatas perfectas, ya que apenas requieren atención por nuestra parte y se adaptan a la perfección a todo tipo de ambiente.

Si lo que buscamos es introducir algo de alegría en nuestro lugar de trabajo, podemos recurrir a flores como la tilansia o la vriesia, algo más delicadas de cuidar que las plantas anteriores, pero mucho más vistosas. Conviene humedecer sus hojas tres veces por semana, y es muy recomendable alejarlas de radiadores y máquinas de aire acondicionado, ya que son muy sensibles a los cambios bruscos de temperatura. Si se adaptan bien, su flor en forma de pluma llenará de color hasta el despacho del jefe.

Algunos consejos que deben tenerse en cuenta

  • Antes de planificar qué plantas van a ocupar tu oficina, consulta al resto de empleados. Puede darse el caso de que alguno sea alérgico a alguna especie determinada.
  • Si el cuidado de las plantas lo vais a realizar entre todos, conviene llevar un ‘cuaderno de notas’ de las distintas plantas, apuntando los riegos, abonados, trasplantes, etc.
  • Hay que tener en cuenta que en época de vacaciones, muchas oficinas permanecen cerradas y no entra nada de luz. Elige bien qué plantas vas a introducir teniendo esto en consideración.
  • Hay que pensar que el desembolso a la hora de tener plantas en el trabajo no reside sólo en la adquisición de los ejemplares. Posteriormente habrá que comprar fertilizantes, macetas nuevas, utensilios, etc. Conviene tener un presupuesto para eso.
  • La luz directa del sol durante muchas horas puede ser el peor enemigo para nuestras plantas de oficina, ya que solemos colocarlas cerca de grandes ventanales. Un consejo sencillo es colocar estores que nos permitan regular la cantidad de luz que queremos dejar entrar.
Las plantas colgantes son muy atractivas y vistosas. Constituyen verdaderas cascadas vegetales, muchas de ellas salpicadas con hermosas flores. Conoce algunas de las especies de interior más apreciadas con las que podrás alegrar cualquier rincón. Éstas son, normalmente, de origen selvático, lo que nos da muchas e importantes pistas sobre cómo cuidarlas: luz no directa, temperaturas cálidas y humedad.

¿Quién no ha tenido en su hogar una planta del dinero o plectranthus? Es una opción muy válida, pero hay un sinfín de variedades de plantas colgantes que no conocemos. Muchas de estas especies en su hábitat natural son trepadoras, y viven sobre la corteza de los árboles, sin embargo, cultivadas se utilizan como colgantes por sus largos tallos.

Floreadas y coloridas
Existen colgantes de origen selvático que en entornos de clima templado se cultivan en el interior. Presentan hermosas flores de intensos colores y un follaje de un verde intenso, también muy vistoso, que acompaña perfectamente a la belleza de su floración.

Èste es el caso de aeschynanthus. Tiene su origen en el Sureste Asiático. Posee unas flores de color carmesí muy intenso, y pequeñas hojas de un verde oscuro. Esta especie necesita mucha luz, aunque no directa. Le gusta la humedad, por lo que es necesario que la pulvericemos, así como riego abundante, sobre todo en verano. El agua debe estar libre de cal y a temperatura ambiente. Debemos mantenerla a 15ºC para que se desarrolle con normalidad.

Otra trepadora cuyas flores y hojas constituyen una pareja ideal es la columnea. Sus flores también presentan tonos rojizos y en sus hojas podemos apreciar numerosos pelillos. Es originaria de Costa Rica. El ambiente húmedo que requiere lo podemos conseguir mediante pulverizaciones, así como luminosidad, y una temperatura de unos 12ºC. Comienza un período de descanso tras la floración.

Hermosas por su verdor
En otras variedades el atractivo reside en su follaje, ya sea por su forma o su color. Por lo general, se trata de ejemplares muy resistentes, que, al igual que el plectranthus, o planta del dinero, toleran muy distintas condiciones de mantenimiento.

El asparagus es una variedad muy versátil y resistente. Requiere abundancia de agua, pero no lo acusará si alguna vez nos olvidamos de ella y se secara el sustrato. También es capaz de sobrevivir con distintas condiciones de luminosidad, y temperaturas de hasta 5ºC.

Otra especie muy apreciada por sus hojas para su cultivo en interior es el chloropythum. Todos conocemos esta planta, a la que comúnmente se le llama "cintas", por la forma alargada de sus hojas. Éstas son de un color verde claro, y en su centro y a lo largo de ellas, se extiende una franja de un blanco amarillento. Es tremendamente resistente, y no necesita unas condiciones de luz u humedad determinadas, aunque prefiere la luz y no soporta menos de 5ºC de temperatura.

Cactos colgantes y floridos
Algunas especies de cactus resultan tremendamente atractivas para su cultivo en interior. Sus floraciones son exuberantes, abundantes y muy hermosas. Constituyen una opción perfecta para su uso como colgantes.

El rhipsalidopsis gertneri, o cacto de Pascua, florece en esta época, de ahí su nombre. Las flores, de un maravilloso color rojo, pueblan entonces toda la planta. Esta especie realiza un período de descanso durante el invierno. Al llegar la primavera incrementaremos la cantidad de agua de riego que necesitará para la floración.

El cactus de Pascua es a menudo confundido con el de Navidad, cuya floración se da a finales de diciembre y principio de enero. Las dos especies son muy similares. El nombre científico de este último es zygocactus truncatus. Debemos proporcionarle riego regular no muy abundante, y una temperatura de unos 12º C.

Sorprendente passiflora
Las formas de estas flores son extremadamente complicadas, lo que les aporta una belleza extraña y muy especial. Podemos encontrarla en exterior en climas cálidos de zonas templadas, como en las costas mediterráneas, aunque por lo general necesitan un cultivo en interior.

La passiflora o pasionaria procede del Continente Americano, donde crece en lugares con temperaturas cálidas. Existen numerosas variedades de esta especie, y todas ofrecen unas flores que son la admiración de los amantes de las plantas.

Existen trepadoras aptas para su cultivo en interior para todos los gustos, además dan a nuestro hogar un toque muy selvático, pues podemos ubicarlas con el propósito de que cubran la esquina de algún mueble o nos sorprendan descendiendo desde cualquier rincón de las alturas.


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